Detrás de un logo
trabajo

Detrás de un logo

Os voy a contar la historia de cómo llegué al diseño de mi marca gráfica actual.

Y es que creo que, como norma general, crear tu propio logo* siendo diseñador gráfico es una tarea complicada – quizás algo así como crear el prototipo de una silla para un diseñador industrial.

El desarrollo de una imagen gráfica implica un estudio dedicado y el análisis de factores importantes, como los tipos de públicos, el lenguaje adecuado o la competencia; pero, a veces, hay cosas que tenemos delante de nosotros, siendo tremendamente familiaries, lo que nos facilita la tarea.

Quienes me conocen por mis ilustraciones me preguntaban por qué no las firmaba, que debía hacerlo… así que por petición popular me obligo a hacerlo (sí, a día de hoy también).

El caso es que la inspiración la tenía delante de mí, a punta de lápiz: la firma. No hablo de la rúbrica oficial, si no con la que firmo notitas, postales y demás pedazos de papel dirigidos a personas cercanas. Una simple L; me llamo Lara, firmo como L, mis amigos y colegas fuera de estas fronteras me llaman L.

Simple, ¿eh? Quizás demasiado, cosa que no me disgusta en absoluto, pero siento que necesito algo más, con un tono diferente. Centrándome en la caligrafía (un saludo a la gente a la que no le gusta mi letra – a mí, sí; gracias), en mi escritura diaria existe otro tipo de letra L, más suave, incluso femenina o romántica (en su sentido nostáglico incluso).

Y así es como empecé a firmar «L!» en distintos rincones de las ilustraciones una vez acabadas. El signo de exclamación fluyó solo y sería un elemento útil a la hora de balancear la letra y compensar el peso.

Después de vectorizar, la primera versión me resultaba más elegantona pero también más fría, mientras que la segunda me hablaba con mucha fuerza además de verla más dinámica tanto en su forma como en el carácter, representando mejor el tipo de trabajo que puedo hacer.

*No he querido hablar aquí de las diferencias entre logotipo, isotipo, marca… ¡Quizás en otro momento!